El hombre que es capaz de ganar un millón de dólares por hora

El hombre que es capaz de ganar un millón de dólares por hora

Su fortuna personal, que había sido calculada en más de 60 mil millones de dólares, supera el PBI de 120 países. Querido y odiado por muchos, es innegable que el señor Slim es muy hábil en los negocios.

Contrariamente, a la típica historia del pobrecito que se hace rico, durante su infancia Slim no sufrió el hambre.  Hijo de un próspero empresario, nunca padeció. Y si bien lo tuvo todo, desde pequeño también recibió una rigurosa formación empresarial.

EL QUE EMPEZÓ SIN NADA FUE SU PAPÁ

Hablar de Slim es tener que hablar de su padre, un migrante que desde jovencito parece haberla tenido clara: tomas decisiones, te esfuerzas y construyes, o te duermes y padeces. Y es que Julián Slim Haddad, su padre, llegó a Tampico procedente de Líbano con apenas 14 años de edad. Fue en 1902 que llegó huyendo del Imperio Turco que por entonces obligaba a los jóvenes a enrolarse en el ejército. Para cuando tenía 16 años, apenas dos años después de trabajar para sus hermanos mayores y ahorrar su dinero, se convirtió en socio de uno de ellos. Es decir, a los 16 años el papá de Carlos Slim ya era empresario.

Sólo tuvieron que pasar algunos años para que el padre de Slim, tras comprar las acciones de su hermano, se convierta en millonario.  En 1921 su empresa registraba un capital por encima de los 100 mil dólares y era propietario de 11 locales comerciales, ubicados en el corazón de la ciudad, lo que para la época ya lo había convertido en un destacado empresario con movimientos financieros superiores a los 30 millones de dólares. El migrante que llegó con mano adelante y otra atrás se había convertido en un hombre de negocios cuya facturación superaba los seis dígitos.

VIVIÓ EN UN AMBIENTE DE NEGOCIOS

En realidad, para los Slim la libertad ha sido siempre un hábito. Y es en ese clima que ha crecido. Pese a todo, lo de Carlos Slim no es dinero heredado. Si algo heredó fue los valores de su padre quien, desde pequeño, según él mismo, le enseñó que “el trabajo paciente y esforzado siempre rinde sus frutos”.

INFANCIA Y JUVENTUD: SIN PROPINAS Y USANDO EL CEREBRO.

Consultado por cómo educó a sus hijos, Slim fue contundente: “Los he formado como me educaron a mí”. Acto seguido, el magnate recordó que su padre, un hombre de carácter enérgico, tenaz y visionario de los negocios, no le daba propinas sino un pago por su trabajo.  Pero contrariamente a las labores rutinarias, el patriarca señalaba que “tenían que hacer trabajos que exijan pensar, no trabajos mecánicos”. “Moviendo una escoba no se piensa mucho”, les solía decir.  En ese sentido, daba al pequeño la consigna de visitar los negocios de la competencia con el fin de tomar nota de los precios y otros detalles que observe con para que luego elabore una propuesta de mejora en la tienda de la familia. Lo saben los grandes y así se lo repetían a los Slim: “La competencia no puede marcarte la pauta, pero la tienes que tener chequeada”.

Ha recordado también que en casa les inculcaron el valor del registro. Les dieron a todos los hermanos una libreta en la que debían, como lo hiciera en su momento el mismísimo Rockefeller, anotar cada uno de sus ingresos y egresos.  “Si desde pequeños no aprenden a manejar sus finanzas, de grandes no manejarán nada”, parecía haberles repito su madre, doña Linda Helú, quien también tiene origen libanés.

Quien es hoy uno de los hombres más ricos del mundo, abrió una chequera a los 11 años y a los 13 compró 30 acciones del banco en el que su padre tenía el 1% del accionariado.  “A quien madruga, Dios lo ayuda”, dice el viejo refrán. Y la máxima se cumplió: A los 13 años Carlos Slim ya era inversionista, y a los 70 ya era uno de los más ricos del planeta.

EL CONSEJO PARA LOS JOVENES

Hace años una conocida universidad le invitó a que ofrezca un discurso para sus alumnos y entre tantas lecciones ofrecidas, una sola fue el eje de su intervención: “Cuando eres muy joven es cuando aprendes la mayoría de cosas. Es importante tener fracasos, pero traten de que estos sean pequeños. Hay que aprender de los errores propios, y de los ajenos también”.

Para el que busca nuevas lecciones, esto no es nada revelador. Conviene, sin embargo, recordar que “el éxito no se obtiene con nuevos principios, sino sabiendo aplicar viejos principios de vida”. “No hay nada nuevo bajo el sol”, dicen las escrituras. Lo que recomienda Slim es que los jóvenes aprendan de los viejos: “no tropieces con la piedra que otro ya tropezó. Recuerda que no hay nuevos errores, hay gente nueva cometiendo viejos errores. Y es que el sabio aprende de fracasos ajenos.”

Y muy bien lo decía Clason en ‘El Hombre más Rico de Babilonia’: “El sol que hoy brilla es el que vio brillar tu abuelo y el que alumbrará al último de tus nietos”. En todos los tiempos, la sabiduría para triunfar ha sido una sola y Slim lo sabe.

Slim nació en 1940, de modo que lleva encima más de siete décadas. Como lo hicieron también otros grandes, bastante joven empezó a exhibir logros: A los 21 años ya se había graduado como Ingeniero Civil en la Universidad Autónoma de México, entidad en la que, a esa edad, ya era profesor de Algebra y programación lineal.  Oficialmente, fundó su empresa a los 25 años, Inversora Bursátil (Inbursa), empresa que sería el inició del Imperio que hoy conocemos como Grupo Carso.

OJO A TUS INFLUENCIAS

Mientras estaba en la universidad, algo marcó al joven Slim. Por aquel entonces, apenas era un prospecto de millonario. Y es que en los años 60´s, mientras la gran mayoría de los jóvenes estaban marcados por el socialismo y más concretamente por la revolución de Castro en Cuba, Slim era influenciado por Jean Paul Getty, que escribía en la revista Playboy. Así, mientras la muchachada leía El Capital de Carlos Marx, Slim hacía esfuerzos para conseguir la revista Playboy, y ahí, entre imágenes de exuberantes chicas, leía al polémico millonario Jean Paul Getty quien instaba a los jóvenes a “despreciar la radicalidad” y a pensar en hacerse prósperos.  Getty, quien por aquellos años era el icono de la riqueza que había acumulado más de mil millones de dólares, declaraba que su secreto era “levantarse temprano y salir a buscar petróleo”.

En sus artículos, que en realidad eran una extensión de su libro “Como Ser Rico”, Jean Paul afirmaba que en el mundo sólo existían cuatro tipos de personas: a) Los dependientes b) los que solo buscan un ingreso pequeño c) los que hacen empresa y quieren ganar mucho y d) los que van por la vida sin ningún tipo de deseo.

No es difícil hacerse una idea de las principales ideas que influyeron en Carlos Slim. Así, mientras la figura del momento para muchos jóvenes era el Che Guevara, para Slim era un millonario que pregonaba que para hacerse rico había que ser ambicioso. “Las grandes ganancias son propias de los grandes esfuerzos”, escribía el norteamericano.

EL ASCENSO

El muchacho ha sido ahorrativo y ha tenido objetivos claros. Básico ha sido entender sus tempranas ganas de correr la cancha por su cuenta. Y así emprendió el camino: con un capital que él mismo había juntado y con un préstamo que hizo a su familia.

Desde siempre le han gustado los negocios, pero elige muy bien en qué rubro incursionar. Ha dicho que lo aprendió de su padre quien, en los años 20 del siglo pasado, solía decir “que el comercio eficiente era el que vendía grandes volúmenes, con márgenes reducidos y con facilidades de pago”. Será por eso que Carlos, además de invertir en bolsa, decidió incursionar en el sector inmobiliario ofreciendo viviendas baratas. Luego fundó GM Maquinaria, precisamente para seguir incursionando en ese sector. Si observa usted el detalle, ésta es una de las cosas que hacen quienes mueven millones: construir un conglomerado de empresas que se complementen entre ellas. Ellos buscan ser los dueños del circulo que genera su riqueza. Mientras menos dependan de otros, mejor.

Y así Slim sigue avanzando. Luego compra Minera El Volcán y una inmobiliaria más. Esto es también común denominador en la gran mayoría de personas que hacen negocios a gran escala: incursionar en sectores estratégicos y comprar empresas quebradas. Un detalle también se observa: los pasos del magnate siempre han sido, para muchos, lentos pero seguros. Haciendo eco a la vieja máxima que dice no importa si va lento, lo importante es que vaya en la dirección correcta, al cabo de 1980 ya poseía 8 grandes empresas, entre las cuales estaba Galas, una imprenta de etiquetas de cigarros y otros productos. Ese mismo año, nace el grupo CARSO (las iniciales de Carlos y Soumaya, su esposa).

La crisis de 1982 asustó a más de uno. México no la pasaba bien y su economía como la de muchos otros países se había paralizado. He aquí que los genios se ponen a prueba. Mientras algunos decidían no invertir, Slim invirtió decididamente en empresas prometedoras, pero mal gestionadas como Reynolds Aluminio, Sanborns, General Tire, entre otras. ¿Por qué compras si estamos en crisis?, le preguntaban. “Para el hombre que sabe trabajar todos los tiempos son buenos”, respondía el mexicano.

Para 1985, con 45 años encima, Slim ya era dueño de más de diez empresas y tenía el control de más de 5 poderosos grupos. Seguros de México ya estaba bajo su liderazgo. Un año después, nace la fundación Carso, hoy fundación Carlos Slim. Es, desde 1986, que el empresario realiza importantes aportes filantrópicos a la humanidad, en ese entonces bajo la iniciativa de su esposa, también de raíces libanesas.

DE MILLONARIO A MULTIMILLONARIO

En 1990 se produjo una de las más grandes hazañas de Slim, aquella gran jugada que lo llevaría a dar el gran salto: pasar de ser un millonario más, a convertirse en el hombre más rico del mundo. Naturalmente, esto no sucedió de la noche a la mañana, pero sentó las bases de tamaño logró.

A finales de 1990 gana la licitación para adquirir Teléfonos de México (Telmex), conjuntamente con Southwestern Bell y France Telecom, posteriormente se constituye Carso Global Telecom, holding de Telmex. Se crea también la marca Telcel, a partir de Radiomóvil Dipsa, S.A. de C.V.

Lo demás es historia. Hoy por hoy, entre otras empresas, es dueño de Inbursa, como también lo es de la empresa de telecomunicaciones más grande de Latinoamérica, una compañía industrial de cables eléctricos, hospitales, minas de oro, cigarreras, el predio alrededor de donde está la única pirámide prehispánica del Distrito Federal, tiendas Saks Fifth Avenue y fábricas de bicicletas, líneas de ferrocarriles, acciones del New York Times y la colección de esculturas de Rodin más completa del mundo.

Parece que Slim ha seguido las lecciones del armador griego Onassis, quien decía que “un verdadero gigante de los negocios tiene que pensar en penetrar en los sectores masivos para llevar el timón del mercado”. Y así para muchos, incluso, ya es hasta un chiste hablar de esto. Slim tiene negocios en todos lados.  En el deporte, por ejemplo, la final del campeonato mexicano la disputaron los dos equipos de los que el magnate es propietario. “Por las puras se pelean los hinchas, si es el que gana es Slim”, decían algunos. Incluso el empresario parece haber invadido la privacidad de las parejas: “Mi amor, entiende que cuando discutimos por teléfono ni tú ni yo ganamos. El único que gana es Carlos Slim”, bromean para salir de momentos tensos.

LOS MITOS

En México es canción conocida escuchar que, sin la ayuda del gobierno, Slim nunca hubiera llegado a la cúspide de los más ricos del mundo.

The Wall Street Journal atribuye la fortuna de Slim a sus prácticas monopólicas. El magnate lo ha negado una y otra vez argumentando que lo suyo no fue y no es monopolio. Y ha dicho claramente: “No es monopolio: En móvil competimos con telefónica de España, como lo hace en la mayoría de los países latinoamericanos. Competimos con compañías de tv y con nextel.  En el pasado hemos competido con la más grande de Iberoamérica: TELEFONICA, también con Vodafon an-Verizon. Y en telefonía de larga distancia en el 97 le hicimos frente a At&t y MCI WorldCom, la primera y la segunda más grande del mundo en el rubro”.

Es lugar común cuestionar y hasta envidiar. Como diría el brillante Napoleón Hill “si usted no quiere recibir críticas, no haga nada, sea un simple barrendero.” Con gran acierto el mismo Slim señalaba que “sólo se envidia y calumnia a los que están arriba”.

Y es que alrededor del magnate mexicano se han creado historias y leyendas. No han dicho, como le dijeron a Rockefeller, que es un iluminado, pero en cambio sí le han tildado de testaferro. “Él sólo es la fachada, el verdadero dueño es Salinas de Gortari”, repiten algunos mexicanos sin mayor fundamento. Esto lo saben no sólo los millonarios, sino en general las personas de éxito: “los que triunfan están expuestos a todo tipo de patrañas”. No hay en el mundo millonario al que no les hayan salido al frente algunos resentidos y otros exagerados que gritan su punto de vista como si fuese una verdad.

También abundan los que hablan de negocios sin entender cómo se mueven las finanzas de gran escala. Otros juzgan y dicen: “Es un explotador”, “sus empresas son un asco, el servicio que brindan es pésimo.”  Puntos de vista, detalles importantes, pero que no le restan mérito. Olvidan que el trabajo es voluntario y que, en todos los casos, las empresas de Slim actúan bajo lo establecido por ley. Y por duro que suene, a nadie se le obliga a laborar en condiciones que no desea. “Siempre se puede mejorar. Pero cuando se tiene a más de 100 mil colaboradores, ya uno no ve el día a día, sino lo macro”, contestó hace poco.

Otros dicen que “es un egoísta”, olvidando que se trata de uno de los más grandes filántropos del mundo. A muchos se les hace fácil exigir que los millonarios compartan, pero les cuesta trabajo reconocer su labor social. Slim, por ejemplo, va invirtiendo miles de millones en obras sociales. Ciertamente, no ha donado más de la mitad de su fortuna como lo ha hecho Warren Buffett, ni ha anunciado, como lo hiciera Gates, que al fallecer sus hijos sólo recibirán una parte mínima y que el resto iría para ayudar a los más necesitados.

Cualquiera no dona millones para salvar vidas o realizar importantes investigaciones en favor de causas mundiales. Su filosofía de ayuda es bastante lógica: “No regalamos dinero, tratamos de resolver el problema”, apunta al tiempo que se conocen algunos datos: Gracias a su apoyo se han realizado más de 250 mil cirugías en oftalmología, ortopedia y reconstrucción de labio leporino en México y en otros países latinos. Ha impulsado el programa “ver para aprender”, que da lentes a los niños que no ven bien, habiendo ayudado de esa manera a más de 500 mil pequeños. Ha regalado miles de bicicletas en lugares donde los niños caminan largas horas para ir a la escuela.  Es el mecenas de algunos artistas que, como Shakira, hacen labor social a través de sus fundaciones. Junto a Gates, financia el programa de la polio y la iniciativa por Mesoamérica para combatir y erradicar enfermedades. Y es el entusiasta principal impulsor de investigaciones en Telemedicina, en el instituto Broad, sobre la diabetes que ya es considerada una epidemia. También investiga sobre enfermedades renales y el cáncer, al tiempo que desde su fundación se ha encargado del tratamiento de estas penosas enfermedades en más de 5 mil personas. Cuando ocurrió el lamentable terremoto en Haití, no dudó en constituir un fondo de $20 millones para apoyar a las pequeñas empresas locales. También es un comprometido con la preservación de las especies en peligro de extinción y con disminuir los efectos del cambio climático. En ese sentido, trabaja en la conservación del jaguar y en el desierto de chihuahua.  Ha realizado otros trabajos solidarios, sin duda, pero ya es largo enumerarlos.

Pero a Slim le mueve algo más: la educación. “Si piensas en la educación, tenemos los mismos modelos de educación militar y religiosa de hace 2000 años”, sostiene. Y agrega: “Se puede mejorar la educación y democratizarla con la tecnología”. El mexicano cree que la educación por internet no es para mañana, sino para ayer. Prueba de ello es que firmó un convenio con Coursera para potenciar dicha plataforma a fin de que millones de personas puedan cursar sin costo, en línea y en español, estudios superiores de clase mundial.

CON LOS PIES EN LA TIERRA

El ingeniero que puede ganar un millón de dólares en una hora tiene seis hijos: tres hombres y tres mujeres. Carlos, Marco Antonio y Patrick Slim son directores de sus compañías fundamentales; Soumaya, Vanessa y Johanna participan en actividades culturales.

Ha dicho que la familia es muy importante y que nunca forzó a sus hijos a que se dediquen a los negocios. “Obligarlos es doble pérdida: ellos infelices y los negocios quebrando. Por fuerza, ni lo zapatos entran”.

Si usted analiza las entrevistas que ha concedido y general repasa los textos que hablan de él, encontrará que es como la gran mayoría de esos pocos mortales que tienen más dinero del que podrían gastar: austero.  La ropa que viste proviene de cualquiera de las tiendas Sears de su propiedad, y no de la sofisticada Saks. Ha vivido durante más de 30 años en la misma casa y pese a que constantemente viaja al exterior, no posee ninguna mansión en el extranjero.  Además, ha señalado que casi siempre maneja su propio auto.

¿Sabes cuánto vales por día?, le preguntó recientemente el conocido veterano del periodismo Larry King. “No, no lo sé. Lo que sí sé es que no me llevaré nada cuando muera”, respondió el millonario.

Hace poco, el presidente del consejo de At&t, con quien el dueño de América Móvil cerró un trato en el auto, dijo: “Si tu estableces una sociedad con Carlos Slim, tienes un amigo de por vida”. Los campesinos, deudores bancarios, se han agrupado para defender sus reclamos y obtener beneficios. Alfonso Ramírez Cuéllar es el dirigente que los representa y luego de haber negociado con el mismo Slim, ha señalado que el tipo es de trato común. “Slim es un cabrón que casi siempre anda en calcetines en su oficina. De traje y sin zapatos. Siempre me cita para hablar de economía. Por cosas así me cae bien —dice—. Hace cuentas con las manos y a veces usa una calculadora”.

¿Cómo puede hacer un millonario para no caer en el derroche? Slim dice que “olvidándote de las cosas que no necesitas. El dinero es para trabajar no para satisfacer caprichos.”

El millonario se ha animado a darle algunos consejos a la juventud. He aquí una pequeña lista de sus lecciones:

La felicidad es una forma de vida, una forma de ser y de vivir. Es una forma de hacer las cosas.

Los números te dicen lo que está pasando. Para triunfar en los negocios, es indispensable saber leer el lenguaje de las cifras, por muy pequeñas que sean.

El hombre debe recargarse de energía limpia, esa que se obtiene de la familia y los amigos.

El primer reto de todo padre para con sus hijos, antes que enseñarles de negocios, es hacer que se quieran entre ellos.

Hay que evitar la envidia, el odio, y todas esas emociones dañinas.  Son sentimientos que corroen el alma. Son venenos que se ingieren poco a poco.

Compartir es ayudarse a sí mismo. Un proverbio dice: “Queda aroma en la mano que da rosas”.

No alojen supuestos. Nada más fatal que suponer. Menos en los negocios, en donde los jugadores se mueven a pasos exageradamente rápidos.

El trabajo bien hecho no solo es una responsabilidad consigo mismo y la sociedad. Es también una necesidad emocional.

Slim es un hombre de negocios, no un político. Dice que le gustan los problemas y que el hombre de negocios debe tener las referencias más altas para crecer. Sabe Slim esa máxima del maestro Max Gunther, de los axiomas de Zurich, que dice “que nadie se hace grande teniendo como referencia a un enano”. Hay países en los que las empresas del mexicano eran segundas y hoy son primeras liderando el mercado. La clave es “tener al mejor equipo haciendo bien las cosas”.

“Personas claves en puestos claves”, dice el hombre que se confiesa eterno enamorado de quien fue su esposa, Soumaya Domit, la mujer que lo acompañó siempre, y quien fue una de sus principales fortalezas allá por 1997, cuando Slim era sometido a una riesgosa intervención quirúrgica. Su biógrafo, José Martínez, escribió que “Slim presume de que viajó al más allá y regresó milagrosamente”. El biógrafo subraya que incluso uno de los médicos salió del quirófano para advertir a sus familiares que “Carlos Slim ha fallecido”. En memoria a la madre de sus hijos, Slim forjó El Museo Soumaya, una institución cultural sin fines de lucro con dos recintos museológicos en la Ciudad de México: Plaza Loreto y Plaza Carso.

Así es Slim, el hombre más rico del mundo. Lo decíamos al inicio, odiado y querido por muchos, pero inadvertido, es un hombre hábil e inteligente, como lo prueban sus resultados.

Dicen las escrituras: “examinadlo todo cuidadosamente, retened lo bueno”. Los que le odian bien podrían aplicar este pasaje y quedarse con lo mejor del millonario que también ha dicho que cuando vives para la opinión de los demás, estas muerto. “No quiero vivir pensando en cómo voy a ser recordado”, apuntó.

Slim, que despacha desde su oficina ubicada en las Lomas de Chapultepec, también se ha referido al ganar y perder, cuando de millones se trata.  “Cuando las cifras son astronómicas y cuando su velocidad es rápida, ya no se revisa diariamente si se ganó o se perdió. Importa el rumbo”.

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